SANTO DOMINGO, RD.- En pocos años República Dominicana se vería en aprieto para abastecerse de agua, tanto para consumo humano como para la producción agropecuaria y el turismo, si los dominicanos no cuidan los bosques, cuencas hidrográficas y no toman conciencia sobre la disposición correcta de los residuos sólidos.

La advertencia es del arzobispo coadjutor de la arquidiócesis Santo Domingo, Carlos Tomás Morel Diplán, durante homilía en la eucaristía celebrada en la parroquia San Roque, en Sabana Perdida, por la graduación de cerca de 100 activistas en un diplomado sobre Medio Ambiente organizado por la en Pastoral Ecológica y la Unidad Acatólica Santo Domingo (UCSD).

Cuestionó la explotación de la minería irresponsable, en el que solo importa producir dinero sin importar los daños al medio ambiente y a familias que llevan toda su vida produciendo en esos lugares.

Exhortó a formar pastorales ecológicas en cada parroquia y vicaría de la iglesia Católica en todo el territorio de la República Dominicana, tras la urgencia de formar, ya que no se toma conciencia cobre el cuidado de los recursos naturales en 10, 15 o 20 años habría que sacar agua del océano para tomar.

“Miren la sequía que tenemos y el calor que sentimos, son signos de los problemas ecológicos que tenemos, hemos provocado y que ya hoy nos están afectando; sino terminamos con eso vamos a terminar con país desértico, destruido”, alertó Morel Diplán.

Sostuvo que la preocupación no debe ser solamente de la iglesia Católica, sino de todos los sectores y ciudadanos de manera particular, debido a que se trata de un gran desafío social que amenaza la vida.

Llamó a tomar conciencia sobre el cuidado de la casa común, que es el medio ambiente, sin oportunismo de molestar a un partido político, como aparecen grupos, sino por amor al país, a la salud y la vida.

Violencia ecológi ca

Manifestó que la violencia que vive actualmente el mundo en la que no importa la muerte, es provocada por el propio ser humano, la que se extiende hacia los recursos naturales, que es la casa común de todos.

“Por eso nuestro entorno es violento, una humanidad llena de violencia, guerra en varios puntos del planeta, muertes constantes provocadas por el propio ser humano, la que trasciende y va contra el agua, contra los árboles, las aves, los océanos y todos cuanto nos rodea”. Apunta.

Explicó que es violencia cuando una persona toma una bolsa de residuos sólidos y la lanza en calles, aceras y cañadas, de donde van a terminar a ríos y mares.

Deploró que las calles de Santo Domingo hayan sido convertidas en vertederos, responsabilidad que no es solamente de los ayuntamientos, sino de los ciudadanos y empresarios sin conciencias.

De igual modo, es violencia, cuando una empresa conecta sus tuberías a una cañada, arroyos y ríos, ya que atenta contra el agua; lo mismo que cuando alguien se pasa la noche con un radio a todo volumen sin importar la paz y tranquilidad del vecino.

Lo peor, precisa, es que cuando a los violadores de la Ley se les reclama, inmediatamente asumen posturas violentas, muchas veces porque cuentan con poderes o tienen dinero “para resolver”.

Puso como ejemplo al estado de los dos ríos más importantes del Gran Santo Domingo, el Ozama y el Isabela, ambos agonizando, sin que a nadie les importe.

“El ser humano tienen que curarse, porque nos hemos llenado de agresividad, de violencia, prepotencia y nos importa; así hemos acabando poco a poco lo que tenemos, todas las especies de aves han ido desapareciendo, las hemos eliminados, los árboles y los ríos los vamos eliminando”, exclamó el arzobispo Carlos Tomás Morel Diplán.

Invitó a observar los sucedidos recientemente en Venezuela, Colombia, Asia y otras naciones del mundo, donde todavía no se sabe la cantidad de muertos.

“No nos damos cuentas de lo frágiles que somos, que en cualquier momento puede terminar un pueblo, poder haber una desgracia; pido a Dios que no venga un terremoto, porque si se produce, no se sabe las consecuencias, si se toma en cuenta la forma en que viven miles de familias en casa sumamente vulnerable y en condiciones muy indignas”, subraya.

El caso La Vega

Precisamente la semana pasada este diario desplegó la información de que los incendios forestales en La Vega se seguían registrando con frecuencia en diferentes localidades de esta provincia, mientras la población en la zona percibía el calor de las cenizas.

La naturaleza sufre no solo por la embestida de las asfixiantes llamas que, según informes, han atacado decenas de veces esta demarcación, sino también por la indiferencia de las autoridades encargadas de protegerla.

Entre las áreas castigada por manos criminales se citan Área Nacional de Recreo Montañas de Guaigüí, una reserva de la biosfera donde se respira un ambiente desolador, similar al de una posguerra; a cinco días después del último siniestro, se levantaba el humo entre los árboles calcinados.

De igual forma, los incendios han impactado bosques, cultivos arroceros y solares baldíos en comunidades como La Llamada, Buena Vista, Las 7S y Entrada de Soto, situados en la autopista Duarte, así como en la comunidad de La Cabirmota. Según reportes, en poco más de tres meses, cerca de 170 fuegos forestales se han registrado en distintas localidades de la provincia.