Comisiones de los Ministerios de Trabajo y de Medio Ambiente no pueden entrar a escena de la tragedia; próximo al mediodía puertas estaban cerradas y al parecer no había nadie dentro para responder
Tras el rescate del cuerpo sin vida de Eloy Peña, desde los escombros de un derrumbe en la Mina de materiales Los Fructuoso en San Gregorio de Nigua, San Cristóbal, familiares de la víctima deploran la falta de protección de los trabajadores, ya que ni siquiera contaban con seguro de salud.
Precisamente una comisión del Ministerio de Trabajo se trasladó al lugar donde ocurrió la tragedia con miras a determinar si el caso se cumplían los protocolos establecidos para esa labor, pero no pudo penetrar porque las puertas de acceso estaban cerradas.
Lo propio ocurrió con otra comisión del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, quienes se retiraron al no poder penetrar al lugar del hecho.
Peña, de 52 años, quien residía en la calle Primera 73, en barrio Nuevo, San Cristóbal, era padre de cuatro hijos, pero ayudó a criar otros cuatro a su compañera Alexandra Morbán, todos son mayores de edad.
Morbán lamenta la falta de protección en la mina donde murió su esposo, ya que no se cumplía con el mínimo protocolo, que consiste en que mientras unos excavan otros observan desde fuera.

Comisión supervisora del Ministerio de Trabajo no pueden entrar a interior de la empresa minera, la spuertas estaban cerradas
En el caso de su esposo, narra, estaba solo operando una retroexcavadora, situación que provocó que fuera hallado varias horas después por técnicos de la Defensa Civil.
Explicó su experiencia en trabajo de mina, lo que heredó de su padre, donde aprendió que un protocolo elemental en esa labor es siempre hay una persona observando a quienes escavan, para en caso que suceda un derrumbe tener una idea donde podrían estar las personas atrapadas.
Señaló que por esa supervisión muchos obreros y operadores de máquinas han sido rescatados con vida, pero que en el caso de su compañero estaba solo, por eso se tardó más de 12 horas para encontrarlo.
Dentro de sus lamentos, la señora Morbán recordó que este había sufridos dos accidentes anteriores, el primero una piedra lo partió en la cabeza, en el segundo estuvo a punto de perder una pierda.

Por una endija de las puertas cerrada el lente de este periódico observó este letrero pegado en un arbol del interior, lo que indica que minera contaba con permiso para operar.
Luego de los dos accidentes había pedido a su esposo que dejara ese tr5ab ajo, porque además pagaban salarios de miserias, por lo que se comprometió dejarlo una vez concluyera la vivienda que tenía en construcción, lo que no pudo lograr porque la muerte llegó primero.
Describe a su pareja como un hombre muy amoroso de su familia, pero lo peor es que esa mina seguirán muriendo otros, como ya ha sucedido, sin que se tomen medidas para evitarlo.
Una comisión del Ministerio de Trabajo (MT) compuesta por el ingeniero Félix María Ortiz y la licenciada Sodania Ramírez se presentó al lugar donde ocurrió la tragedia, pero no pudieron entrar debido a que las puertas estaban cerradas.
Explicaron que el objetivo era conversar con la administración de la empresa y descender al lugar donde hubo el derrumbe, indagar con otros trabajadores para entonces establecer si hubo o no negligencia y si se cumplían los protocolos establecidos para esa labor.